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¿QUIÉN CRITICA AL CRÍTICO?

¿QUIÉN CRITICA AL CRÍTICO?

¿QUIÉN CRITICA AL CRÍTICO?

¿Quién le pone el cascabel al gato?

¿Será que si lo hacemos, nos estaremos ahorcando a nosotros mismos?

¿Deberían ser ellos, los críticos, algo intocable ante los que rendirnos? Y si les concedemos tanto poder, ¿cómo abstraerse de sus comentarios?

Sabemos por experiencia, que el ser humano acepta sin resistencia aquello que le agrada. Las alabanzas suenan a música para los oídos. Mantenemos una imagen interna respecto a lo que creemos ser o hacer y estar dispuestos a cambiarla genera rechazo. La opinión de los otros -los otros, siempre los otros- los demás, como causa del conflicto. La armonía se encuentra en nuestro interior y cuando nos relacionamos con el entorno se produce la fricción.

Puedo justificar la opinión de los otros, precisamente por ser subjetiva. Puedo anclarme en el lado de la libertad de opinión y pretender que no me afectan los comentarios.

¿Qué ocurre cuando en lugar de opinión, lo que se genera es una crítica? ¿Qué ocurre cuando tenemos que enfrentarnos a argumentos objetivos, técnicos, especializados?

La diferencia entre opinión y crítica es la argumentación. Es el me gusta frente a la razón sustentada. La emocionalidad versus la estructura.

¿Pero es la persona que escribe acerca de algo, inmune a su propia percepción?

Seguro que no. O seguro que no debería. Pero no es buscando ser inmune lo que hará que se emita una crítica acertada. Es buscando incluir y sumar, para no restar. Quizás sea no estacionarse en una crítica positiva o negativa por sí mismas. Quizás sea buscar el todo. Y para buscar el todo, probablemente, se deba comprender a fondo.

Es difícil poder conocer a fondo el proceso de generación de una obra, sea ésta teatral, plástica, musical o escrita. Pero se debería tener consciencia de los entresijos de cada uno de esos procesos.

Dicen que los críticos son artistas frustrados. La vida da vueltas y nadie sabe los motivos por los que una persona que pretendió dedicarse a algo, terminó haciendo otra cosa. Y el no haber podido genera frustración. ¿Desde ese lugar en el que se encuentra el crítico, adiestra el ojo para ver? ¿Desde dónde vemos? Desde nosotros mismos. Desde lo que somos y desde lo que no somos. Vemos desde nuestro ángulo, desde nuestra subjetividad. Por eso debe ser tan importante agarrarse a las columnas de la argumentación, a la estructura de lo objetivo. A la arquitectura que nos permite hablar de algo sin caer en dogmas (la duda es siempre vital), pero desde el análisis de lo impersonal. Y al mismo tiempo incluyendo el conocimiento profundo del proceso de creación, que si es riguroso, genera respeto.

La crítica también es un proceso de creación. La opinión es más bien un proceso de recreación donde nos interviene lo humano y más frecuentemente lo inhumano, lo que nos aleja del otro, porque me quedo con mi propio y único ángulo. La crítica universaliza. La opinión segmenta.

A menos que la emocionalidad construya. Se puede destruir con alabanzas. Se puede construir derrumbando.

¿Es cierto que la responsabilidad termina una vez concluido el artículo? ¿O recién comienza? ¿Somos tan responsables de lo que escribimos como de lo que hacemos? ¿O más?

¿Es la razón la dueña de todo? ¿Quién la tiene? ¿Quién la posee?

Existen las razones. Más aceptables que la razón, son las razones. Los argumentos, los porqués.

Criticar no es hablar mal. Criticar es decir desde un lugar aséptico. Libre de la contaminación de nuestros propios prejuicios. Criticar es abarcar lo que nos parece inabarcable.

O criticar es hablar mal, decir desde nuestra más profunda contaminación, sabiendo que estamos infectados por la frustración o la miopía intelectual.

El crítico debe reconocerse crítico. Debe saber desde el lugar desde el que está hablando. No importa que los demás conozcamos o no, su nombre o su identidad, porque es él el que debe saberlo. ¿Para qué? Para poder ser creíble. Para poder ser respetado y que su trabajo sea tomado en cuenta. El trabajo de argumentar con objetividad. El trabajo de crear cimientos. El trabajo de dejar que se aposente y se asiente la emocionalidad, para dar lugar a los hechos,  sabiendo que esos hechos, ese lugar de llegada que estamos observando, es en realidad un punto de partido, otro, al que se llega después de recorrer el camino largo y escabroso de la creación.

Y para imprimirle humanidad a mis palabras, que los lectores sepan que hablo desde mis más profundas miserias. Aunque hable bien. Aunque quizás pueda escribir mejor.

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